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Washington y La Habana abren embajadas

Luego de 54 años, vuelve a ondear la bandera de Cuba en Washington, al igual que se izará la estadounidense en La Habana, cuando viaje a la isla el secretario del Departamento de Estado, John Kerry, probablemente este mismo mes. Un hecho que dejará huella no solo en la presidencia de Barack Obama y también en las páginas de la historia universal: la reapertura de embajadas que allana el camino al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre dos enemigos enconados del continente. 

Lo que sigue al gesto materializado el 20 de julio no será nada fácil, como lo han reconocido ambos gobiernos, pero sí establece las condiciones para que pronto el diálogo político y económico discurra por los cauces formales.

Ha corrido mucha agua y se han escrito muchas crónicas y amargos capítulos desde el 3 de enero de 1961, cuando Washington y La Habana acordaron dar portazo a la diplomacia. Empezando por la conocida Crisis de los Misiles, apenas un año más tarde, pasando por el envío a la Florida de exiliados civiles cubanos en el barco “Marielitos” (1980), el problema permanente de los balseros que huyen de la isla, el reclamo por la Base Militar de Guantánamo, la detención de cinco supuestos espías en EEUU a finales de los 90 (liberados hace dos años), el episodio del niño Elián González, por nombrar los más notorios.

Pero tal vez el hecho que ha incidido más en el distanciamiento entre ambos países y ha merecido el repudio mayoritario de organizaciones internacionales ha sido el embargo comercial, económico y financiero a La Habana decretado en 1960 por el Congreso de Estados Unidos, endurecido en 1996 con la Ley Helms-Burton.

Desde 1977 hasta hoy, lo que había venido funcionando como representación estadounidense en la isla es la Sección de Intereses de EEUU, implantada bajo el presidente demócrata Jimmy Carter, con un personal que ronda los 300 funcionarios, 50 de ellos diplomáticos.

A raíz del anuncio hecho por los presidente Obama y Castro, el 17 de diciembre de 2014, de normalización de las relaciones bilaterales, la historia pone un punto y aparte para abrir un nuevo capítulo. Todas las sanciones que impuso Washington a La Habana desde hace más de cinco décadas de poco sirvieron al propósito de desmelenar el régimen comunista de los Castro; al contrario, salieron airosos incluso en las peores condiciones que para la isla significó la implantación del “Período Especial” con la caída del Muro de Berlín y su correlato del cese de auxilio financiero y político por una Unión Soviética herida de muerte.

Barack Obama supo leer el error histórico y la dinámica de los nuevos tiempos, en un acto de valentía frente a un Congreso dominado en sus dos cámaras por el Partido Republicano, poco amigo de conceder favores a La Habana.

Aún así, el Legislativo estadounidense ha tomado el testigo para ir desmontando el embargo, con el ruido que ello provoca en muchos elementos del conservadurismo de línea dura, muy influyente en la comunidad cubana en el exilio. Sin embargo, la opinión pública de EEUU no parece ganada a la idea de seguir manteniendo un bloqueo que ha mostrado nula efectividad política, más cuando se abren posibilidades de inversiones, comercio y turismo.

Otro paso importante fue haber retirado este mismo 27 de julio a Cuba de la lista de países promotores de terrorismo, tal como lo publicó el Departamento de Estado. Desde 2003, año tras año La Habana aparecía en la poco prestigiosa lista, cuyos miembros se exponen sanciones como la congelación de la ayuda no humanitaria y no comercial.

Del lado estadounidense, los dos principales escollos para avanzar hacia una relación bilateral con Cuba son, efectivamente el levantamiento del embargo y la devolución de Guantánamo. SI bien con el primer punto se vienen dando pasos concretos que tomarán su tiempo, la dificultad con el segundo es más política. Obama, aún cuando va de salida, arriesgaría mucho si además de todas las concesiones hechas a La Habana, devuelve la base militar por voluntad propia a un país que, a pesar de cierta apertura, todavía comulga con el comunismo.

Esa es precisamente la contrapartida. Mientras, EEUU lleva paso a paso su hoja de ruta, a Cuba le cuesta mucho soltar lastre para derribar los muros que bloquean la iniciativa económica ciudadana y abrir camino a políticas más democráticas, con mayor oxígeno a las voces disidentes. Tomen asiento que el juego apenas comienza.

Doble upper a la mandíbula. En términos boxísticos un golpe que se da desde abajo hacia arriba, como un gancho, y termina en la mandíbula del oponente es conocido como un upper. Este mes, no uno sino dos recibió el gobierno de Enrique Peña Nieto, con la fuga hollywoodense el 11 de julio del Joaquín Chapo Guzmán, cabecilla del llamado Cártel de Sinaloa, de la cárcel de seguridad más importante de México, el Altiplano. El presidente Peña ha hecho punto de honor su recaptura, tarea en la que participan todas las fuerzas especiales mexicanas con la ayuda de la misma DEA. El segundo golpe fuerte llegó apenas una semana después cuando se supo del fracaso de la subasta petrolera dentro de la llamada Ronda Uno. Los 18.000 millones de dólares de inversiones que se esperaban de los contratos quedaron en apenas 2.600 millones.

Boletín de notas. Sobresaliente: La Policía y las Fuerzas Armadas de Perú rescataron a 39 personas, 26 niños y 13 mujeres, que se encontraban en la selva secuestrados por la organización terrorista Sendero Luminoso, algunos de ellos desde hace 25 años. Aprobado: Tabaré Vásquez, presidente de Uruguay, anunció inversiones por US$ 12.000 millones en infraestructura entre el 2015 y 2019 para mantener activa la economía del país. Suficiente: Suspendido. Reprobado: La Contraloría General de Venezuela, que controla el gobierno de Nicolás Maduro, inhabilitó políticamente a los opositores María Corina Machado, Daniel Ceballos y Enzo Scarano, quienes habían sido postulados como candidatos por la unidad opositora y no podrán participar en las próximas elecciones de diputados.

CARA – CONTRACARA

Los dos muros entre EEUU y Cuba
Sergio Gómez Maseri
El Tiempo

¿Qué falta para que Estados Unidos y Cuba tengan relaciones normales?
Editorial
Radio Habana Cuba

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