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Rousseff baila la samba del desencanto

Son tiempos difíciles para Dilma Rousseff. Luego de un largo período de popularidad, concatenado con el de su predecesor y mentor político Ignacio Lula Da Silva, y apenas a cinco meses de su reelección, la presidenta de Brasil resiente el descontento de la gente, el malestar del votante, y en consecuencia la caída en picado en las encuestas. 

La erosión causada por los vergonzosos casos de corrupción en Petrobras, que llegan hasta la cumbre de su propio partido, el PT, unido a los pocos alentadores datos sobre la marcha de la economía, causan estragos en la confianza hacia Rousseff.

El pasado domingo ese malestar tomó cuerpo en las calles de las principales ciudades en la que se recuerda como una de las mayores expresiones de protesta del período democrático en Brasil. Algunos cifran la asistencia en dos millones de personas, pero lo significativo fue la consigna más coreada: ¡Fuera Dilma!

Al día siguiente, la atribulada gobernante brasileña salió al paso de las sonoras protestas, al declarar en un acto público: “Yo soy la presidenta de todos los brasileños. Tenemos que oír y dialogar, pero también mantenernos firmes en lo que consideramos que es esencial, como la lucha contra la corrupción y el ajuste fiscal”.

Y mientras eso sucedía en el palacio de Planalto, en Brasilia, fiscales nacionales acusaban formalmente al tesorero del PT y a otras 26 personas por actos de corrupción ligados a la compañía estatal Petrobras, según reporta la agencia Reuters.

Este caso ha golpeado duro a las acciones de Petrobras, que en el último año han perdido alrededor de un 30%, en medio de una caída generalizada del precio del crudo, lo que hace más dramática la situación.

Al desencanto popular se añade una realidad que hasta los caricaturistas de la prensa carioca han retratado: la soledad de Rousseff. Soledad política. El sector más a la izquierda del PT desaprueba las medidas económicas ortodoxas que ha aplicado el gobierno, de la mano de su ministro de Economía, Joaquim Levy, promotor de un ajuste fiscal, subida de impuestos y contención del gasto público, una fórmula que, empero, pareciera necesaria en tiempos de dificultades.

Lo recalcó este lunes la propia Rousseff, al referirse a la otrora política de expansión del gasto público: “Ese camino se agotó”. Ahora se precisa “tomar otro rumbo para garantizar empleo y crecimiento”, lo cual implica “hacer algunos ajustes y correcciones”.

Los datos son claros: Brasil coquetea con la recesión, el crecimiento apenas roza el 1% y la inflación, el dragón de la economía, escala hasta el 7,7%. Dramático cuadro en un momento álgido.

En lo político, donde se requieren también ajustes importantes para abrir espacios a la participación y la transparencia, tampoco lo tiene fácil. Le quedan pocos aliados y el margen de maniobra se ha estrechado.

Aparte del divorcio del PT “lulista”, el otro socio del gobierno, el Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB ), del que ha cooptado algunas figuras para la gestión ejecutiva, tampoco es un socio fiable, como se indica en un artículo del diario El País.

La coyuntura para la presidenta brasileña no está fácil. A pesar de su poca tolerancia hacia las críticas y la tendencia personal a ensimismarse, reseñada por la prensa brasileña e internacional, el momento exige sacrificios, prudencia política y liderazgo. La tempestad ya ha empezado.

CARA – CONTRACARA

La crisis será larga

Sergio Fausto
Infolatam

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Destituir a Dilma y liquidar a Lula y al PT

Eric Nepomuceno
La Jornada

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