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Latinoamérica calla y está como ausente

Aunque los gobiernos democráticos tienen sus matices y diferencias entre sí, alejándose o acercándose a mayores o menores grados de libertad o igualdad, lo cierto es que la democracia, en cualquiera de sus variantes, impone unas formas y unos mínimos. La detención de una autoridad electa ordenada desde los órganos ejecutivos, sin que medien garantías procesales y mucho menos un juicio justo, constituye una actuación que, en una primera lectura, rompe esas formas y esos mínimos.

Pero es lo que ha sucedido nuevamente en Venezuela, donde el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, electo en un proceso limpio y abierto en 2008, ha sido detenido bajo la acusación de conspirar contra el gobierno de Nicolás Maduro. Ledezma ha sido trasladado a una cárcel militar, donde cumplió un año preso el opositor Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular.

A Ledezma se le acusa por la publicación de un comunicado en el diario El Nacional, suscrito por la ex diputada María Corina Machado, también perseguida por el régimen de Maduro, en el cual propone medidas para una transición democrática en Venezuela. También el propio Presidente ha mencionado unas grabaciones de un mando medio del Ejército que también implica a Ledezma, imputado en tiempo récord de “conspiración y asociación para delinquir”.

Ante un hecho de tal gravedad (detener y encarcelar a una autoridad electa sin que exista una sentencia firme) las reacciones en el continente parecen haber sido tímidas. Apenas, el mandatario colombiano Juan Manuel Santos alertó sobre la escalada de los enfrentamientos y la polarización entre Maduro y los opositores, al tiempo que se ofreció a mediar entre las partes.

También la Cancillería chilena llamó la atención sobre los hechos acaecidos en Caracas.

“Los Gobiernos latinoamericanos conocen bien el desastre venezolano. Nadie simpatiza de verdad con Maduro, pero guardan silencio. Apenas la acusada Colombia se ha hecho oír y los organismos de integración que pueblan la región miran hacia otro lado”, dice el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti en un artículo de opinión titulado “Silencio ostentéreo”, publicado en el diario español El País.

Frente al vergonzoso silencio de los gobiernos de la región ante un hecho que resquebraja aún más la maltrecha democracia venezolana, contrasta la posición de líderes, instituciones y organizaciones de otras latitudes, desde Bill Clinton, que exigió la liberación de Ledezma a pocas horas de producirse el hecho hasta, asombrosamente, Pablo Iglesias, el secretario general del partido español Podemos, conocido por su admiración al expresidente Hugo Chávez y el llamado Socialismo del siglo XXI.

Organizaciones e instituciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Internacional Socialista, la Organización Demócrata Cristiana de América Latina, Freedom House, el Parlamento Europeo, la Cámara de Diputados de Brasil, entre otras, han fijado posición en contra de la detención arbitraria de Ledezma.

En la ONU se difundió un comunicado que evitó pronunciarse. En Mercosur diputados opositores brasileños anunciaron que propondrán expulsar a Venezuela del mecanismo al considerar que se han violado los principios democráticos establecidos por la institución.

La Unión de Naciones de Suramérica, Unasur, un espacio otrora influenciado claramente por Caracas, evitó un comunicado favorable al gobierno de Maduro y se limitó que enviará cuanto antes una comisión de cancilleres para evaluar el caso Ledezma.

El influyente diario The Wall Street Journal en un duro editorial instó a “Estados Unidos y sus aliados” a condenar firmemente el accionar del régimen de Nicolás Maduro tras la detención del alcalde de Caracas. También lo hizo el español El País.

El Departamento de Estado Americano también condenó pronto la detención del alcalde Ledezma, lo que encendió aún más las reacciones en Miraflores, que anunció la reducción del 80% del personal diplomático estadounidense acreditado en Caracas, y la detención de supuestos espías implicados en la conspiración denunciada por Maduro, así como la exigencia de visas a todos los ciudadanos de este país que quieran ingresar a Venezuela.

Expresidentes como Alejandro Toledo (Perú), Álvaro Uribe y Andrés Pastrana (Colombia), Felipe Calderón (México), Ricardo Lagos y Sebastián Piñera (Chile) condenaron frontalmente el hecho.

Desde la acera contraria, Daniel Ortega (Nicaragua) mostró su solidaridad automática con Maduro, a quien “compró” el argumento de la conspiración. José Mujica, poco antes de entregar el poder en Uruguay, declaró temor por un “golpe de izquierda” en Venezuela. El gobernante ecuatoriano, Rafael Correa, rompió lanzas por su par venezolano de quien dijo, reproduciendo todo el discurso, es víctima de una “guerra económica”.

El Papa Francisco, el pasado domingo desde Roma, hizo un exhorto a los venezolanos a resolver pacíficamente sus diferencias y “trabajar juntos por el bien común” renunciando al uso de la violencia.

Situaciones lamentables como ésta ponen bajo sospecha el carácter y el talante democráticos del gobierno de Maduro. Pero por si quedan algunas dudas, habría que añadir que bajo su mandato se han producido 96 detenciones arbitrarias contra 195 en los 15 años de gobierno del expresidente Chávez, de acuerdo con datos aportados por la Fundación para el Debido Proceso y Venezuela Awareness, citados en una nota de Infobae.

En el diario El País, escribe Antonio Navalón en un análisis del caso: “América no dice ni hace nada respecto al tema venezolano. Quienes viven o han vivido de la beca Chávez —a través del petróleo—, no ven ninguna razón para ayudar o dejar de ayudar a Maduro o defender al pueblo venezolano”.

El expresidente socialista chileno Ricardo Lagos va más allá y alerta: “América Latina debe dar señales de madurez, demostrar su capacidad de ayudar a uno de los nuestros cuando se encuentra en dificultades mayores. Hoy nos duele lo que ocurre en Venezuela, pero debemos ir más allá: asumir con responsabilidad lo que nos cabe hacer como región. En política el vacío no existe. Si no hacemos la tarea, otros podrían aparecer para actuar ante la crisis”.

 

CARA – CONTRACARA

El silencio regional ante la situación de Venezuela

Andrés Oppenheimer

El Nuevo Herald

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Conspirar en Estados Unidos

Atilio A. Boron

El Correo del Orinoco

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